viernes, 1 de septiembre de 2017

LA DEFENSA DEL REFERÉNDUM

A sólo un mes del referéndum, aún somos pocos quienes hablamos de la necesidad de crear comités de defensa por si el Estado envía a la Guardia Civil a impedirlo por la fuerza, eso contando que los Mossos estarán controlados por la Generalitat. Pero no sólo por la posible intervención de la policía fascista, también por las serias amenazas que desde organizaciones nazis, falangistas, etc, están haciendo. Mientras distribuyen octavillas en las que se llama a derramar sangre independentista con total impunidad, aquí hay muchos que creen que el Estado español sólo es una “democracia imperfecta” y no un Estado que no rompió con el fascismo, capaz de cualquier cosa para frenar una independencia que dejaría muy debilitado a su régimen con una crisis cada día más agudizada. Al fin algunos espabilan un poco ante la guerra sucia, con la manipulación más ruin y descarada, que desde los medios controlados por el Estado han aumentado tras el atentado yihadista. Cuando decimos que son capaces de todo, también nos referimos a haber permitido que el imán yihadista campara a sus anchas pese a estar más que fichado. ¿Alguien cree que es casualidad que los atentados hayan sido tan cerca del referéndum? Y eso que tuvieron que adelantarlos tras las bombonas que les estallaron en Alcanar. Que hasta quien fuera jefe de un sindicato de la policía nacional, haya dicho que el imán apestaba a CNI… Todo vale para atacar al independentismo, desde las acusaciones de nazis por parte de los peperos que aún homenajean a la División Azul y tienen de miembro honorífico al criminal franquista de Fraga o de los GALosos del P$OE, a culpar de los atentados yihadistas al “procés”.

Ante semejante régimen, lo lógico es plantear la necesidad de organizarnos para defender físicamente el referéndum y asegurarlo. Resulta sorprendente que la mayoría del independentismo ni siquiera contemple la posibilidad de que la Guardia Civil acuda a retirar las urnas. Dicen que no tienen policía suficiente para hacerlo, como si necesitaran estar presentes en cada colegio electoral. Basta que boicoteen los principales colegios de Catalunya para restar validez al referéndum. También aseguran que el Estado no puede permitirse una imagen tan represiva de cara al exterior, como si al Estado le temblara el pulso a la hora de ilegalizar organizaciones democráticas, asesinar inmigrantes, torturar, proteger a ministros del franquismo, etc, pese a las llamadas de atención del tribunal de “derechos humanos” europeo (que hasta desde la criminal UE les llamen la atención, lo dice todo). En todo caso, esa posibilidad existe y hay que estar preparados. De lo contrario, como acudan, el ridículo va a ser el chiste más contado en los despachos de la Moncloa y de sus cloacas. Además, si vienen, probablemente sea de madrugada para evitar tener que desalojar a los votantes a porrazos, de ahí la importancia de proteger los colegios electorales desde bastante antes del referéndum. Hay personas de sobras para hacerlo, pero el problema es que estas cuestiones no se plantean y la CUP, que debería plantearlas seriamente, no lo hace salvo contadas excepciones. Sólo una pequeña parte de la CUP ha apoyado los comités de defensa del referéndum. Sólo queda un mes y a parte de tratar estas cuestiones, son necesarios los hechos.

Como siempre, la ANC y sus políticos de Junts pel sí, no van más allá del ambiente festivo y de pintar el referéndum y la independencia casi como un camino de rosas. No les interesa que se hable de cuestiones fundamentales como por ejemplo, cómo expulsarán al ejército y a la policía española tras la declaración de independencia en caso de ganar el referéndum. Tratan a los independentistas como a niños pequeños o ni eso, porque a los niños se les advierte del peligro y ellos no contemplan la posibilidad de que se impida el referéndum por la fuerza. Pero de ellos no podía esperarse mucho más, el problema es cuando la CUP no prepara al pueblo para responder en caso de que se impida el referéndum. El reformismo del que hacen gala muchos de sus militantes, lleva al espontaneísmo y a la falta de disciplina. Aquí en mi ciudad no han impulsado ni una sola asamblea abierta para tratar todas estas cuestiones y no han mencionado ni de pasada la necesidad de organizar la defensa física del referéndum. Cuando algunos nos tragamos las serias diferencias y pedimos el voto para la CUP en las últimas elecciones, lo hicimos para que impulsaran cosas como esta, pero a la vista está que no está siendo así con contadas excepciones. En todo caso era un voto necesario, pues las elecciones estaban planteadas como un sí o un no a la independencia y agudizaban la crisis del régimen.


Con todo lo que ha hecho el Estado y está haciendo, no sé qué tiene que pasar para que aumente la combatividad y la seriedad ante un momento histórico. Tal vez la cosa empezaría a cambiar con la actuación de la Guardia Civil, pero si la respuesta no se organiza previamente, no estará a la altura. La “revolución de las sonrisas” no será suficiente ante un Estado capaz de cualquier cosa para frenar la independencia y nuestro deber como revolucionarios es recordarlo sin sumarnos al ambiente de verbena tan poco crítico, lleno de fe ciega en políticos más pendientes de su poltrona que de un enfrentamiento abierto con el Estado que pueda llevarles a la cárcel. Porque mientras pregonan pacifismo con el Estado (no lo pregonan tanto cuando apoyan a la OTAN, la represión de los Mossos, la brutal explotación, los desahucios, etc), el Estado va sacando brillo a las porras por si el 1 de Octubre o con la posterior declaración de independencia, tiene que hacer uso de estas. Defender el referéndum es defender los comités de defensa, si van a regalar los colegios electorales a la posible visita de la Guardia Civil la noche antes, que no nos vendan patriotismo ni radicalismo de postín. 


viernes, 4 de agosto de 2017

¿Por qué nos ganan los capitalistas? (La cuestión venezolana lo recuerda)

Lenin y otros grandes revolucionarios, repetían algo tan importante como básico que a menudo se olvida: hay que aprender del enemigo. Sobre todo cuando nos gana como es el caso. Es más, cuando lleva tantos y tantos años venciendo. En Venezuela el imperialismo aún no ha vencido, pero la burguesía española, que es la que nos toca más cerca, está volcándose con la oposición fascista para que venzan, recordándonos porqué nos ganan aquí aunque no sea un análisis cómodo para quienes prefieren no hacer autocrítica y resignarse a la eterna derrota. Tienen claras unas premisas para imponer su tiranía y en torno a estas se unen, no es una unión abstracta sin principios como propone la izquierda domesticada, que encima habla de unión mientras desprecia a revolucionarios consecuentes. No rebajan estos puntos:

-La solidaridad con sus presos como Leopoldo López, Antonio Ledezma y tantos golpistas más. La burguesía española y sus medios, despliegan amplias campañas para liberarlos y dar a conocer sus casos, manipulados, por supuesto. Tampoco falta la abundante ayuda económica, el asilo político que dan a sus familiares y otros golpistas sicarios del imperialismo, etc. Sin embargo y lamentablemente, vemos como aquí la mayoría de quienes se dicen antifascistas no se solidarizan con las presas y presos políticos antifascistas e incluso los ningunean o insultan, haciendo un enorme favor al régimen que los encarcela, tortura y extermina. La burguesía cuida de los suyos y se une para luchar por su libertad, lección para quienes presumiendo de solidaridad olvidan a quienes han peleado por nuestros derechos y libertades. Otro de los motivos por los que nos ganan. Además, nosotros no necesitamos inventar como lo hacen la mujer de L. López y sus secuaces, basta ceñirnos a la cruda realidad que sufren aquí los presos revolucionarios a mil km de sus familias, en aislamiento, negándoles la asistencia médica, etc. También en Venezuela la derecha hace unas campañas por la libertad de sus mercenarios, que ya quisiéramos aquí por la libertad de quienes sí la merecen.

-No reconocer legitimidad a quienes perjudiquen, aunque sea mínimamente, sus intereses. En Venezuela no se ha expropiado a la burguesía y siguen explotando manteniendo desigualdades abismales, la clase obrera no ha tomado los medios de producción, no es un Estado socialista, pero desde la llegada de Chávez se realizaron unas reformas que beneficiaron a las clases populares y la oligarquía no aceptó ni siquiera esas pequeñas mejoras para los más necesitados. Los ricos necesitan un gobierno títere de Estados Unidos y de la UE para amasar aún más fortunas y no tener que ceder ni limosna, por eso no reconocen legitimidad al gobierno de Maduro que perjudica su avaricia insaciable. Sin embargo aquí hasta personajes supuestamente comunistas como Cao de Benós (eso daría para otro artículo), han dicho que el gobierno español es legítimo porque ha sido votado, aunque sólo sea por un 20% de los posibles votantes. No es legítimo por su enorme carencia de apoyo popular, pero sobre todo porque es enemigo de los intereses de la inmensa mayoría, porque su poder nace del golpe de Estado del 36 sin que hubiera una posterior ruptura con el fascismo en la farsa de la “transición”, por sus agresiones imperialistas, etc.

Mientras en Venezuela la derecha llama terrible dictadura al gobierno, aquí Unidos Podemos y derivados, llaman democracia al Estado español lavando la cara al régimen criminal. De sus políticos como Iglesias o Garzón no se puede esperar más, pues cobran (y muy bien) por ser buenos corderitos que no pongan en peligro los privilegios de los explotadores, pero sus votantes no suelen estar en las mismas condiciones y con su discurso otorgan legitimidad a la legalidad que nos oprime, como otros partidos revisionistas. Pero la burguesía jamás otorgará legitimidad a quienes no sirvamos a sus sucios intereses, por eso legitiman los intentos de golpe de Estado en Venezuela, las invasiones imperialistas, etc. Si aquí la revolución queda lejana es, entre otras cosas, por quienes siguen condenando las luchas que se salen de la legalidad que legitiman llamándola democracia. Así le quitan gravedad a la opresión del Estado y por lo tanto, la necesidad de una revolución.

-El tercer punto y el más importante, que va ligado a los anteriores, es el del apoyo a todos los métodos de lucha. La burguesía, en el Estado español y en cualquier parte del planeta, no ha renunciado jamás ni renunciará al uso de la violencia para saquear a la clase trabajadora. Ni el capitalista más estúpido dirá que no necesitan a su brazo armado, la policía y el ejército, para reprimir manifestaciones, detener y encarcelar a revolucionarias o proteger su impunidad. Sin tener claro eso, no podrían oprimirnos y lo saben. Necesitan el uso sistemático del terror y su posición respecto al terrorismo golpista en Venezuela, lo vuelve a poner de manifiesto. No han dudado un solo momento en apoyar a quienes han disparado y quemado a chavistas, los han dejado como héroes de la "resistencia". ¿Cómo no van a hacerlo cuando han bombardeado escuelas y hospitales en tantos países para saquear sus recursos? La oligarquía y sus esbirros siempre han defendido sus privilegios con uñas y dientes, aquí tampoco toleraron al Frente Popular que empezó a conquistar importantes mejoras para la clase obrera y dieron un golpe de Estado armados. No tienen ningún complejo a la hora de legitimar el uso de la violencia por su parte, aunque sea para imponer algo injusto para la mayoría, a diferencia de nosotros. Principalmente nos ganan por eso, asumen la máxima que dijo Mao y que la cruda realidad señala: "el poder nace del fusil". De ahí que Lenin precisara que "democracia es un fusil en el hombro de cada obrero", pero recordarlo nos lleva a los tribunales que precisamente no renuncian a los fusiles. Muchos estudiantes pijos se juegan la vida en Venezuela con guerrilla urbana frente a la policía, aquí raro es el estudiante obrero que se organiza en asambleas estudiantiles de escasa o nula combatividad. Que hasta los pijos venezolanos sean más combativos, resalta lo de que hay que aprender del enemigo. Pero los medios pueden dejar como una heroicidad su uso de la violencia allí para acabar con un gobierno mucho más democrático que el de aquí, que no desahucia masivamente y que garantiza el acceso a la Universidad mucho más que este Estado, por ejemplo. Nosotros por mucho menos como criticar a la monarquía, somos condenados a prisión, no digamos si defendemos la autodefensa armada... Allí no se condena a nadie por criticar a Maduro ni por aplaudir la quema de policías que no defienden a un régimen tan enemigo de la clase obrera como este.

Sin embargo aquí, casi toda la izquierda, comprada, cobarde crónica o acomplejada, condena hasta que se rompan los cristales de los bancos que desahucian familias y que han sido rescatados con miles de millones de dinero público. Volviendo al primer punto y al segundo: piden la libertad de todos sus presos sin hacer distinciones de si han practicado la violencia o no, porque como no otorgan legitimidad al enemigo que combaten, la dan a todos los métodos para debilitarlo. Aquí la mayoría de la izquierda necesita el permiso de los medios capitalistas para actuar: si estos no aplauden la acción, no la hacen o la condenan si la hacen otros. Este es el nivel: esperan que los voceros de quienes niegan derechos, hablen bien de ellos. Total, se refieren igual que estos medios a la autodefensa revolucionaria, llamándola terrorismo. Por el contrario, los medios burgueses jamás llamarán terrorismo a los cócteles molotov que lanzan en Venezuela a la policía, a los asesinatos de la policía española en el Tarajal y tantos lugares más o a los balazos de goma y porrazos de los antidisturbios que han provocado mutilaciones y serias heridas. Aquí la mayoría de la izquierda a lo sumo critica la violencia del Estado, pero niega la legitimidad de la autodefensa ante esta, perpetuando así la impunidad de los verdaderos violentos y legitimando la represión ante quienes oponen resistencia. Por eso precisamente la pasean por los platós de las principales cadenas de TV para que tengan a sus votantes tranquilitos. Los mismos medios que apoyan la quema de chavistas en Venezuela, les dan voz constantemente. ¿No es evidente la conclusión? Volvemos a lo mismo: porque no ponen en riesgo sus privilegios. En el momento en el que nuestro discurso y nuestros hechos sí los ponen, cambia mucho la cosa. La burguesía sí tiene claro que no tiene que respetar a quienes luchamos contra su dictadura del capital.


En resumen: la burguesía pelea por la libertad de sus presos, niega la legitimidad de todo gobierno que perjudique sus intereses y por lo tanto, promueve derribarlos por la fuerza, como la violencia con la que aplastan las luchas que tampoco les convienen. Lo hacen porque tienen conciencia de la clase a la que pertenecen y se unen bajo esas premisas para imponerse. Sin embargo aquí, por citar un ejemplo, cada año 700 trabajadores son asesinados por ser obligados a trabajar sin seguridad y pocos denunciamos esos crímenes sin pelos en la lengua. Si en la clase trabajadora hubiera la misma conciencia de clase que tiene la burguesía, estarían perdidos porque somos la inmensa mayoría. Pero aún queda mucho trabajo por hacer, la burguesía también ha conseguido, por tener claro todo lo citado anteriormente sumado a la guerra sucia de su manipulación constante, que apenas haya conciencia de clase obrera y que se interiorice que tienen legitimidad, derecho al monopolio de la fuerza, privilegios respetables y un largo etc. Podemos aprender del enemigo o seguir caminando en círculos mientras recibimos hostias por todos los lados y ellos duermen tranquilos sabiendo que si algún radical les interrumpe el plácido sueño que dan la impunidad y los lujos, la mayoría de la izquierda lo condenará y si es encarcelado, no pelearán por su libertad. Mientras con una sonrisa y un caluroso abrazo, Manuela Carmena recibe a los familiares del golpista asesino de antifascistas, Leopoldo López, pidiendo su libertad. ¿Y aún te preguntas por qué estamos como estamos y nos ganan, en serio? 


miércoles, 31 de mayo de 2017

Mientras el Estado amenaza al independentismo con violencia

Quienes levantamos con más fuerza la bandera de la autodeterminación, somos los comunistas. No la burguesía catalana “independentista” que por su posición acomodada no está dispuesta a un gran enfrentamiento con el Estado, ni la pequeñaburguesía cobarde y vacilante, con contadas excepciones. Digo los comunistas, no los revisionistas que fortalecen a la oligarquía española desde el españolismo rancio, negándose a defender el referéndum, diciendo estar a favor del derecho a la autodeterminación de palabra y no de hechos, sin aprovechar esta ocasión para agudizar la crisis del régimen. Al fin y al cabo hacen lo que llevan haciendo desde la “transición”: fortalecer al Estado legitimando su legalidad. Además, más allá de la estrategia, no se puede ser comunista sin defender el democrático derecho a la autodeterminación.

El gobierno ha amenazado con hacer uso del ejército si es preciso para impedir el referéndum y varios partidos nazis han asegurado que acudirán a reventarlo. Pero esto no es suficiente para que la mayoría del independentismo asuma como imprescindibles los comités de defensa del referéndum. Es preocupante que tan solo una parte pequeña de la CUP haya hablado de la necesidad de estos. La mayoría del independentismo sigue en la fe ciega y en el ambiente festivo sin plantearse este tipo de cuestiones básicas. Defender el referéndum es impulsar comités de defensa, no irse para casa tranquilos si el Estado lo impide con el uso de la fuerza o como sea. ¿Qué tiene que pasar para que algunos espabilen un poco y salgan de la ridícula mentalidad hippie, que desfilen los tanques por Barcelona? ¿Que seamos agredidos por soldados imperialistas? ¿Que los nazis amparados por el Estado nos apuñalen como hicieron con Guillem Agulló y tantos más? ¿Que la Generalitat se cague y no haya referéndum?

Bastantes comunistas votamos a la CUP para que jugara el papel que prometía jugar: presionar a Junts pel sí, impulsar la movilización en las calles, ensanchar la base a favor de la independencia, etc. A sólo 4 meses del supuesto referéndum, la movilización deja más que desear, apenas algunos hablan de comités de defensa y hay una excesiva tolerancia o suavidad con las vacilaciones del gobierno catalán. Ni siquiera las graves y amenazantes declaraciones del gobierno español les llevan a ponerse firmes de una vez. ¿Hay que recordar la reciente historia para saber a qué clase de Estado nos enfrentamos? Por fin el otro día, María Rovira de CUP Barcelona, llamó al Estado español por su nombre: fascista. Ya podrían tomar nota otras militantes de la CUP que lo llaman democracia imperfecta o cosas por el estilo.

En mi ciudad, Lleida, las fuerzas independentistas apenas hacen campaña u organizan charlas y debates abiertos en los que tratar ciertas cuestiones. Hace poco organizamos uno y la ANC no quiso ni participar, pues no les interesa que se ponga en duda la labor del gobierno catalán o que se diga la verdad: que las cosas no serán tan fáciles como el paseo de la Diada si queremos conquistar la independencia y no hacer el ridículo. Hasta la fecha, el colectivo de mi ciudad que he visto más volcado con la defensa del derecho a la autodeterminación, es Resisteix, organización comunista. Haciendo campaña, entre otras cosas, por los comités de defensa ante boicots fascistas o el uso de la fuerza por parte del Estado. Los comunistas no somos espontaneístas y por lo tanto, no dejamos asuntos tan serios a la improvisación, de ahí que ya llevemos tiempo insistiendo en la importancia de organizar la resistencia popular para garantizar el derecho a la autodeterminación frente al Estado fascista y las vacilaciones de la burguesía catalana a favor de la independencia, que no es lo mismo que dispuestos a pelear de verdad por esta. Los comunistas sabemos a qué clase de Estado nos enfrentamos y que no es para tomárselo a guasa o a fiesta, por más que resulte incómodo que lo recordemos a quienes creen que cederán ante la ilusión de tantas personas. Para preparar al pueblo hay que hablar claro y ningún partido independentista presente en el Parlament, lo está haciendo. Es una lástima porque ese millón de personas que sale a la calle para la Diada, bien organizado sería imparable. Pero por ahora, la cosa cambia o las carcajadas que el Estado español se va a echar a costa del independentismo catalán, serán un eco constante.




lunes, 15 de mayo de 2017

Recuerdos del 15 M (a 6 años)

Recuerdo cuando hace 6 años escuché la noticia de que las plazas de todo el Estado se llenaban de personas protestando. Se me pusieron los pelos de punta, me emocioné y sentí mucha alegría: ¡por fin salía la indignación masivamente a las calles! Inmediatamente salí de casa y acudí a la plaza de mi ciudad en la que numerosas personas se empezaban a congregar. Recuerdo que llevaba una camiseta que ponía “siempre rojo y a la izquierda”. A los pocos minutos se acercó un tipo a decirme que eso era ofensivo, que allí también cabía la derecha. Qué ingenuo era él y a la vez yo, que había olvidado arrastrado por la emoción, cuál era el nivel. Fue frustrante intentar hacerle entender lo más básico y que no parara de repetir: “Aquí cabemos todos”. También recuerdo que en una de las primeras asambleas hicimos grupos de debate y propuse ocupar bancos como forma de protesta para denunciar, entre otras cosas, lo que al menos varios asistentes sabían: que los políticos estaban al servicio de la banca criminal. Me miraron como si propusiera atracarlos y mi propuesta fue ignorada. Sólo un año después, la PAH convirtió ocupar bancos en algo normal y eso prueba que hubo pequeños avances después del 15M.

Tras ver cuál era el nivel comprobando que tanta indignación no quería ni ocupar bancos de forma pacífica, la alegría del principio se convirtió en bajón, pero no por ello dejé de asistir los días siguientes. En uno de estos, al lado de la plaza de la acampada, había un acto electoral del PSOE para las elecciones municipales. Junto con unos compañeros anarquistas fuimos a boicotearlo con una pancarta que recordaba lo que son y gritos. Acudimos los de siempre, nadie nuevo del 15M se sumó, pero eso no era lo peor. Al avanzar hacia el acto, la policía nos cortó el paso y tras un forcejeo, rompió la pancarta e impidió el paso. Nunca olvidaré el comentario de un anciano que pasaba por allí: “Esto parece el franquismo”. Desde la plaza del 15M se veía todo y uno de los asistentes, un estudiante de medicina, vino corriendo. Vaya, alguien que se une a nosotros, pensé. Pero todo lo contrario, le dijo a la policía que no teníamos nada que ver con el 15M y que no apoyaban eso. Tuve que armarme de paciencia para no partirle la cara y entonces, se desvanecieron las pocas ilusiones que me quedaban respecto a aquella acampada. Este estudiante era uno de los que llevaban el cotarro, por más que presumieran de “movimiento horizontal”. Mi inmadurez política hizo que no denunciara eso en la asamblea y lo dejara pasar. A los pocos días el tipo se debió cansar de que acampando no se conquistara el paraíso y no vino más.

Yo seguí asistiendo, interviniendo en las asambleas y en el micro demasiado abierto, pues habló hasta un mierda del PSOE y cuando lo increpamos unos cuantos, otros tantos salieron en su defensa. Al ser un movimiento tan desclasado y con un nivel de conciencia tan bajo, los oportunistas y tarados de todo tipo se acercaban como buitres, hasta varios personajes venidos de sectas, literalmente, campaban a sus anchas y eran venerados por algunos. Las asambleas eran un caos y al final, tras horas y decenas de opiniones, se concretaba poco más que la cena. Mi escasa experiencia militante, mi poca formación y mi frágil paciencia, me impidieron tener un mejor papel intentando concretar yendo al grano. No era fácil empujar a la combatividad cuando ponían como ejemplo a Islandia y creían que por ocupar las plazas levantando las manos, los poderosos abandonarían privilegios y cederían derechos. Derechos que, por otra parte, tampoco se concretaban. Muchos pasaban por allí como una aventura de fin de semana: acampada, cachondeo, fotos y punto. Lo poco positivo es que se gritaba a los políticos: ¡No nos representan! El problema es que luego, cuando boicoteábamos sus actos, nos condenaban o no se unían. También hizo que se hablara masivamente de política en las calles y eso era necesario. Además, fue en cierta manera el germen de movimientos como la PAH, que aún con sus lógicas limitaciones, han servido para frenar muchos desahucios, señalar a criminales, evitar cortes de luz y agua, etc. Igual que es nocivo sobrevalorar el 15M como siguen haciendo muchos sin análisis crítico, también lo es decir que fue totalmente inútil, entre otras cosas porque la experiencia enseña y muchos aprendieron que no basta con acampar levantando las manos para conquistar derechos.

Aunque todas las acampadas del 15M eran parecidas, en las ciudades donde más militantes anticapitalistas participaban, tenían más contenido, pero igual que yo, también se daban contra un muro a menudo y los hippies montaban talleres de yoga y debates estériles mientras la miseria crecía en los barrios que, en su mayoría y como es lógico, acusaban de perroflautismo al movimiento. Los medios burgueses, sabiendo que era un movimiento inofensivo, hablaban de este como si de un zoo se tratase y las acampadas fueran monos a observar con la tranquilidad de saber que no darán dos hostias. Eso hacía felices a los ingenuos, como si los medios financiados por bancos y grandes empresas, pudieran hablar bien de un movimiento que realmente ponga en peligro al régimen. Si lo hacen, es que demasiado falla, pues son voceros y escudos de los culpables. Así, pasaron los días y la plaza cada vez estaba menos llena, pues quienes esperan soluciones rápidas y cómodas, caen rápido en el derrotismo. Tras casi dos semanas, la policía desalojaba al amanecer por orden del alcalde del PSOE (ese al que habían protegido al principio cuando le hicimos el escrache). Hubo detenidos y porrazos, una dosis de realidad para quienes llamaban amigos a los policías y creían que el buenrrollismo de la acampada iba a contagiar a los opresores. La manifestación de por la tarde fue una de las más masivas que he visto en esta ciudad. Cuando pasábamos por delante de la comisaría se golpearon cristales y hubo quienes intentaron arrancar las banderas del edificio, otra vez frenados por quienes llamaban violencia hasta a eso.


El 15M puede resumirse en “mucho ruido y pocas nueces”. Se cuestionó al régimen pero no se atacaron sus pilares. Se dijo que había que conquistar derechos pero ni se concretaron ni se supo cómo. Lo pintaron como el inicio de la lucha sin querer saber nada de luchas pasadas mucho más serias que sí conquistaron derechos, era la soberbia de una indignación pequeñoburguesa. Hoy estamos mucho peor que en 2011 y las plazas están vacías porque se pasó del “no nos representan” a decir que Podemos sí nos representa. Los oportunistas de Podemos captaron ese cabreo descafeinado y lo sedaron aún más en las urnas. Un movimiento desclasado era pasto de quienes como Podemos no representan a nuestra clase. Por eso, los barrios más jodidos, donde hay cabreo de verdad aunque no se organice ni se dirija bien, no se sentían representados por el 15M. Al final, aquella movilización en las calles, sirvió a quienes alejan la lucha de las calles. Pero qué duda cabe, de que la próxima vez que las calles se llenen masivamente durante tantos días, el nivel será más alto por las lecciones de la experiencia y por la conciencia de clase que la crisis capitalista ha servido con hostias de todo tipo. Aunque sólo sea por eso, el 15M no fue totalmente inútil y desde luego los revolucionarios hemos de hacer autocrítica del papel que tuvimos allí. Criticar desde el sofá como hacen muchos, es muy fácil, lo que cuesta es señalar al capitalismo en asambleas desclasadas, proponer ir más allá de protestas guiadas por la policía, etc. Precisamente si Podemos lo ha tenido tan fácil para absorber el 15M, fue porque la mayoría de “revolucionarios” lo miraban desde la distancia, cuando lo revolucionario es acudir a esos movimientos para que no sean tan inofensivos y confrontar la influencia del reformismo. De aquella experiencia, nosotros también tenemos mucho que aprender. 


martes, 11 de abril de 2017

¿De qué paz nos hablan? (Sobre el desarme de ETA)

Numerosas personas consideradas de izquierdas, celebraban la entrega de armas de ETA “al pueblo vasco” como decía la organización armada en su comunicado. Las armas estarán en manos de la policía, no del pueblo, hablemos claro. Si realmente las entregaran al pueblo como dicen,  no me cabe la menor duda de que alguien en la miseria cogería alguna para pegar un palo. No sería la primera ni la última vez que numerosas personas se ven obligadas a hacerlo para sobrevivir. Este artículo no pretende ser una crítica sobre el fin de su lucha armada. Primero porque no soy nadie para exigir a otros que cojan las armas y segundo porque no creo que ese sea el problema, sino cómo se hace. ETA también habla en su comunicado de los “enemigos de la paz” que no han facilitado su desarme. ¿Si lo hubieran facilitado ya no serían enemigos de la paz quienes bombardean países para saquear sus recursos con guerras imperialistas? Algunos de los que lo han facilitado no son precisamente un ejemplo de demócratas, como algunos políticos del P$OE. En estos términos habla también la izquierda domesticada que festeja el monopolio de la violencia del Estado hablando de paz en abstracto, como si pudiera haber paz con desahucios, con represión, con explotación, con paro masivo, con miseria. Hablar en esos términos es hacerle un favor al Estado opresor como si la paz fuera compatible con sus brutales injusticias. Que les digan a las familias de los más de 600 trabajadores que cada año son asesinados por el terrorismo patronal, obligados a trabajar sin seguridad, que hay paz sin ETA.

Gran parte de esta izquierda está tergiversando la historia diciendo que ETA ha interesado siempre al Estado. ¿Entonces por qué la represión ha sido tan dura y cruel con sus militantes y simpatizantes? ¿A los representantes del Estado les interesaba poder ser ejecutados? Una cosa es que algunos errores muy importantes de la organización hayan beneficiado al Estado y la otra que todo les interesara. Otra cosa es que algunos partidos, por su afán de venganza, no se conformen con el fin de la lucha armada o la entrega de armas. El fin de la lucha armada de ETA, claro, el Estado va a seguir ejerciéndola y a demasiados se les olvida, parece que no haya ningún problema en que el brazo armado del capital o el ejército imperialista, hagan uso de la fuerza armada. Si ETA hubiera servido al Estado como tantos dicen, el Estado no hubiera puesto tantos esfuerzos en debilitarla o en exterminarla. La duda ofende, pero ya decía Bertolt Brecht que en los tiempos terribles conviene recordar lo obvio. Desde luego sí hay una cosa que conviene al Estado: que se le otorgue el monopolio de la violencia y que se llame terrorismo a la respuesta a sus constantes agresiones.

Además, ese discurso tira piedras a su propio tejado como si su lucha hubiera carecido de legitimidad, porque están diciendo que impedían la paz. Lo que crea conciencia es decir que es el Estado, armado hasta los dientes para imponer el poder de unos pocos parásitos ricos, quien impide la paz negando derechos, no la resistencia que lucha para conquistarlos. Quitando la legitimidad de ese método de lucha, están tirando mierda a quienes quieran utilizarlo. Si ellos no quieren utilizarlo más, es su decisión, pero que dejen en paz (ya que hablamos de paz) a quienes lo utilicen o quieran utilizarlo por tener claro que sin justicia social, no hay paz. Como leía a un familiar de un preso político vasco: “¿Qué hay que celebrar, que las cárceles siguen llenas de presos con otros tantos en el exilio y en la clandestinidad? ¿Que sigue la represión y que se nos continúa negando el derecho a la autodeterminación como tantos otros?”. El problema es que se está negando la legitimidad de todos los métodos de lucha y que los partidos políticos de la IA oficial están condenando hasta la autodefensa frente a la brutalidad policial, los ataques a bancos o a sedes de partidos con políticas criminales enemigas de la clase trabajadora, etc. Claro, ahora resultará que hay que dejar tranquilos a quienes nos joden la vida. Una cosa es que ETA deje la lucha armada y otra que Bildu condene hasta los sabotajes contra multinacionales con un discurso socialdemócrata totalmente asumido por el sistema, eso es intolerable. Así están legitimando la represión contra quienes lo hagan, ¿esa es su visión de la paz? Qué fácil desde las cómodas poltronas de ser un político del sistema.


Mientras, los jóvenes y no tan jóvenes de Euskal Herria como del resto del Estado, cada vez recibimos más golpes del capitalismo. Seguro que desde el buen rollo con el PP$OE del que Bildu presume y condenando la autodefensa, se arregla todo. Tal vez habría que recordar que ETA hace años que dejó la lucha armada y que la inmensa mayoría temen el paro, la explotación, la represión y la miseria, no su regreso; es un hecho objetivo. El verdadero camino hacia la paz es el camino hacia el Socialismo y este no se podrá conquistar desde la condena de la autodefensa y vendiendo una falsa paz dentro del Estado capitalista. Ni siquiera las importantes mejoras se conquistarán, como ha demostrado la historia, dando paz a quien la niega. Pero cuando se abandona la lucha de clases como ha hecho una gran parte, la claudicación ideológica está servida y esta no depende de coger o no una pistola. Por eso, como el preso político de ETA Jon Kepa Preciado, en una muy digna carta que escribió, digo “no en mi nombre”. Que tampoco hable en mi nombre la izquierda española o catalana que niega la legitimidad de todos los métodos de resistencia y que habla de paz bajo la opresión fascista y burguesa. Algunos sólo celebraremos el desarme de los opresores. 




miércoles, 5 de abril de 2017

NO ES UN CHISTE

No, la libertad de expresión no es ningún chiste, es una cosa muy seria por la que muchos han dado la vida y otras tantas están presas por luchar por esta y otros derechos democráticos. Por más que los progres se la tomen a chiste y sólo se escandalicen cuando condenan a alguien por utilizar el humor y más si es como Cassandra, una miserable arrepentida que de la mano de Podemos califica de “ejemplar” a la Audiencia Nacional, excepto su condena, claro. Cassandra es todo lo contrario a llevar con dignidad la represión, capaz de echar mierda a quien sea, hasta a los antifascistas que ejecutaron al Carrero Blanco de sus chistes, con tal de intentar “salvarse”. Capaz de poner como ejemplo a un tribunal fascista mientras nos deja como monstruos a quienes nos negamos a condenar la autodefensa en todas sus formas. Ni siquiera ha aprovechado su altavoz para exigir la absolución de las decenas de represaliados por opinar y la libertad de quienes como Valtonyc, están al borde de entrar en prisión. Desde luego a la solidaridad y la dignidad no va a salvarlas. Podemos, como carroñeros oportunistas, han visto en ella la oportunidad de rascar votos y como la han condenado por un chiste, la han convertido en la mártir de la libertad de expresión, como si quienes somos condenados por hablar en serio, merezcamos pudrirnos en prisión. Así es para ellos porque han olvidado, como Cassandra, a las decenas y decenas de personas que hemos sido condenadas por expresarnos.

Precisamente si hoy condenan hasta por chistes o por denunciar torturas, aunque el tribunal europeo de derechos humanos haya condenado al Estado español por permitirlas, es porque durante muchos años la inmensa mayoría han mirado hacia otro lado cuando ilegalizaban partidos y organizaciones revolucionarias, cuando cerraban periódicos, cuando encarcelaban y torturaban a numerosos antifascistas por luchar, etc. Pero para Cassandra y los oportunistas que la adoran, entonces la Audiencia Nacional obraba bien. Pablo Iglesias, al conocer la sentencia de Cassandra, decía que “España no es ninguna dictadura”. Qué fácil desde la poltrona, quienes sufrimos la represión no podemos decir lo mismo y no vamos a lavar la cara del régimen criminal negando su tiranía. La misma IU que hoy se escandaliza por los chistes condenados, aprobó el código penal que nos condena por opinar, han sido firmes defensores de la constitución que nos oprime y que no rompió con el fascismo perpetuándolo con cuatro reformas superficiales. La hipocresía es insoportable, pero por salir en la foto y rascar unos votos acercándose a lo que tiene tirón y que no supone riesgo alguno para su poltrona, abandonan cualquier resquicio de vergüenza. Pero no sorprende, son los mismos que yendo de defensores de los derechos humanos, silencian el exterminio de presas antifascistas en las cárceles del Estado que niega hasta la asistencia médica y la libertad a presos revolucionarios gravemente enfermos. Les escandaliza un chiste condenado, pero no las torturas. ¡Hasta al burgués tribunal europeo le escandalizan más!


Para ellos la lucha es un chiste, basta ver los carteles que hacen sorteando unas cervezas con Alberto Garzón o con Ramón Espinar vestido de superman  (el que desayuna en el lujoso Ritz con los sindicatos del régimen CCOO y UGT) mientras en otro twit presume del colegueo que tiene con Cifuentes. Normal que sólo les escandalicen las condenas por chistes. Mientras, quienes nos tomamos la lucha en serio, afrontamos largas condenas de prisión o somos apaleados y acosados en las calles por los sicarios del capital. Gracias al silencio de estos canallas reformistas, que es complicidad, el régimen lo tiene mucho más fácil para machacarnos. Por eso para el régimen también son un chiste que, como decía el presidente de la patronal, no supone peligro alguno para sus políticas económicas. Cobran, para entre otras cosas, frenar una respuesta contundente a la represión, ocultarla y llamar democracia al Estado que considera víctima del terrorismo a un dirigente fascista genocida. ¿Cómo no van a pagarles por semejantes favores? He sido demasiado generoso: no llegan ni a chiste porque no tienen la más mínima gracia. 


sábado, 25 de marzo de 2017

¿EL COMUNISMO ES LEGAL EN EL ESTADO ESPAÑOL?

La mayoría responderán que sí porque pueden comprarse libros de Marx y Lenin, llevar una bandera comunista o una camiseta con la cara del Che. Pero como decía Engels: el marxismo es una guía para la acción. No podemos separar la teoría de la práctica, ese es el empeño de la burguesía para que no nos organicemos en torno a la lucha comunista, por eso repiten falacias como que “el comunismo es muy bonito en la teoría pero fracasa en la práctica”. Por eso no persiguen a los intelectuales pequeño burgueses que se pasan el día teorizando sobre lo ya escrito y que no tienen práctica revolucionaria alguna, porque además, estos charlatanes se dedican a atacar a los revolucionarios que sí la han tenido y tienen. Por lo tanto, le hacen otro favor a la burguesía. Los clásicos del marxismo escribieron para incitar a una práctica revolucionaria correcta, no para que sus textos se quedaran en un blog o en una biblioteca. Como por lo tanto no podemos quedarnos en el plano teórico para decir si el movimiento comunista es legal, veamos si en la práctica lo es. Aún así, cabe recordar que aunque uno pueda comprar un libro de Lenin en multitud de librerías, hay escritos comunistas prohibidos como muchos del PCE (r) y el Estado cerró en 2007 la web Antorcha donde aparecían algunos de estos, encarcelando al administrador.

Hay que partir de la base de que el marxismo-leninismo es la combinación de lucha legal e ilegal, por lo tanto hay una parte de la lucha que siempre estará fuera de la legalidad. En algunos Estados, con más libertades políticas que el español, el margen para actuar en la legalidad es mayor, pero aquí, donde se persigue hasta a quienes denunciamos torturas y asesinatos a manos de la policía o en el que la policía carga e impone caras multas hasta en manifestaciones pacíficas, apenas hay posibilidades. Estas condiciones han obligado a muchos militantes comunistas a pasarse a la clandestinidad, dificultando así la labor policial para detenerlos por una actividad exclusivamente política y no armada. No lo hicieron por capricho, como parecen asegurar los manipuladores revisionistas tan apegados a la legalidad que no suponen peligro alguno. Lo hicieron por el constante acoso al que eran sometidos por la policía, por repartir octavillas o participar en asambleas de trabajadores o parados. La solidaridad con los presos políticos antifascistas también está perseguida y han encarcelado a solidarios e incluso a abogados de los presos. Ante esta ausencia de libertades, ¿quién puede decir que la lucha comunista es legal en el Estado español? Sólo quienes se dicen comunistas pero en los hechos, lo que lógicamente más cuenta, no denuncian ni el exterminio de presas comunistas. La burguesía teme la práctica y cuando esta es inexistente o no pone en riesgo los pilares del régimen, puede tolerarla e incluso la necesita para tergiversar el marxismo y dar una imagen de pluralidad para camuflar mejor la falsa democracia.


Pero hay una cosa imprescindible para saber hasta qué punto la lucha comunista es legal en un Estado: saber si el partido comunista que ejerce como tal y no sólo de nombre, es legal. Los comunistas creemos en la imperiosa necesidad del partido comunista, que es la organización independiente de la clase obrera, es decir, que no está controlada por la burguesía y que por lo tanto, sólo sirve a los intereses de los trabajadores sin deberse a acatar la legalidad que nos oprime. Renunciar a la función del partido comunista es el colmo del oportunismo y equivale a decir que la pequeña burguesía puede dirigir el movimiento revolucionario, renunciando al papel de vanguardia del proletariado más avanzado. En el Estado español, el partido que se ha ganado durante cuatro décadas el calificativo de comunista, con una lucha tenaz, comprometida a cualquier precio y bien organizada, que jamás ha traicionado los principios comunistas y por lo tanto a la clase obrera, es el PCE (r) y es un partido ilegal precisamente por eso. Un Estado como el español, que no rompió con el fascismo y que por lo tanto, a la vista está, no asegura ni las libertades más básicas, no va a tolerar que un partido verdaderamente revolucionario, sea legal. Ya no sólo eso, sino que las condenas a sus militantes llegan a los 11 años de prisión y en el caso de su Secretario General, que ya acumula 24 años de condena en dos tandas, a la cadena perpetua encubierta. Otros tantos han sido asesinados pasada la "transición". Ni los bolcheviques en el zarismo sufrían una represión tan contundente, ni siquiera Fidel Castro tras ser encarcelado cuando asaltó con las armas el cuartel de Moncada. Por lo tanto, si los comunistas creemos en la función imprescindible del partido y queremos organizarnos con este para tener una práctica consecuente, no podemos hacerlo desde la legalidad. ¿Quién puede decir que la lucha comunista es legal en el Estado español? Los partidos que diciéndose comunistas caen en el parlamentarismo más vergonzoso, han sido defensores de la Constitución y de la reconciliación con el fascismo, condenan la autodefensa, no exigen la Amnistía total, reducen las experiencias revolucionarias de otros países al folklore festivo y no proponen nada más que manifestaciones-paseo. En definitiva, quienes se pasan los principios comunistas por su cómoda práctica. Como se suele decir: “Quienes no se mueven, no sienten las cadenas”. Y moverse en la lucha comunista, es todo lo contrario a eso y suele ser ilegal, otra cosa es que no puedan encarcelarnos a todos los que hagamos algo ilegal, pero la posibilidad está ahí.